viernes

De leer algo




(Aquí lo tienes, Aurora, del libro Desprendimiento de rutina de Javier GM.
Con esto te lo digo todo, mal que te pese)

De leer algo, a aficionado a la escritura, de ver como escriben a copiar estilo, de escribir a darse a conocer, de conocido a publicado, de publicar a coger un micro, de recitar a recitar mal, de decir cosas a creerse dios, del egoísmo al populismo, de la popularidad a la ignorancia, de la ignorancia al abismo, de lo oscuro a la tinta, del borrón a casa, de donde no deberías haber salido a la estrella del firmamento, del espacio a la tumba.
¿Has aportado algo? Nada, normalmente el tiempo pone en su sitio a los grandes, a los que se movieron con atino, a los buenos y olvida a los bufones.

Así que vamos olvidándonos, colega.

Javier GM



jueves

Caño




Ha vuelto el caño a la plazuela
un caño flamante
con su pilón; un remedo sin alma
de aquel otro pilón  que conocimos
alfombrado de ova y con un agua verdosa
que las mulas bebían a lametones

La plazuela tiene un caño nuevo
(significante sin significado)
al que nadie se acerca
para llenar un cántaro ni pedir la vez
ni se escuchan los requiebros
de un joven enamorado
al pretender a una mujer

En el caño actual de la plazuela
no suena la voz cantarina del agua
ni las risas de los niños
al salpicarse con ella
El pilón vacío no acogerá
la tibieza del agua del estío
ni el cristal de la escarcha invernal


Calle






Canto de niños, voces de arrieros, saludos entre vecinas, conversaciones. El grito de una llamada, el ladrido de un perro, el arreo a un borrico. Un toque de turuta seguido de un pregón, campanas a lo lejos...
El testero y la umbría. El reguero, el albañal, el ventanuco con su hoja de madera, la cortina que vuela ante una puerta abierta...
Un borrico cargado que vuelve del campo, un carro de varas, un gañán. Viejos sentados en un poyo, mujeres cosiendo, campesinos camino de la taberna... La simplicidad  habita mi calle.


lunes

Agua







Dice agua, y se ve, muchacho, bebiendo del chorro del caño y del manantial donde se sacian tanto él como sus ovejas. Dice agua, y evoca la alberca de la huerta y la vega del río. Dice agua, y siente el frío de los carámbanos que cuelgan de las boquillas de las tejas, y se fara en los regueros helados de las calles.
Dice agua, y observa el pozo del patio de vecinos, el barreñón de la colada familiar, el pilón donde bebe el borrico.
Dice agua, y descubre la amenaza a su subsistencia: el pedrisco de una tormenta mala.
Dice agua... y dibuja los lugares de su niñez.

domingo

Vino







Lo tuvo claro desde el principio. La media fanega de tierra de aquel cerro pedregoso la iba a poner   de plantones.
En los ratos perdidos, o cuando no tenía jornales, allí que se iba. Primero plantó las cepas, y volvió a plantar donde habían quedado marras; podó a su tiempo los sarmientos e hizo gavillas, cavó alcorques con el azadón para volver después a cobijar cada cepa; aró la tierra, sulfató los plantones... Y el primer año de fruto, consiguió encerrar en la bodega su primera parrilla de vino.
La media fanega de tierra en un cerro pedregoso, la única herencia que había recibido en su vida, la heredaron sus hijos convertida en una viña.


sábado

Pan









¡Pan blandito, mujeres, recién hecho...!, cantaba el muchacho a lomos del borrico, el serón lleno de hogazas.
Para llegar hasta allí había sido necesaria la besana, la era, el molino, la tahona. Cada hogaza de pan evocaba de manera inapreciable,  la sementera, la siega, la trilla, la molienda, la cochura; y el sudor de gañanes, segadores, molineros, panaderos... Olía a horno calentado con tamujas, retamas, sarmientos...
Pan..., la insignia más noble de la tierra de secano, de los campos de labor, la vida de sus gentes.


viernes

Lluvia





Por más que supiera leer las nubes, entender el cambio de los vientos, interpretar el vuelo de los pájaros, olfatear los olores que anticipan tormenta..., y sintiera los dolores que en sus huesos provocaba la "mudación"...; la lluvia, descargando de forma inesperada, le sorprendía a menudo en su trabajo.
Recogía entonces, apresuradamente, los pertrechos de labor, aparejaba las caballerías, las enganchaba; y volvía raudo al pueblo; empapado ya, chorreando las mulas.


sábado

Abandono






Dejamos que se fueran cayendo
las casas de los padres
abandonamos los huertos

Ruinas de adobe aragonés
en los campos vacíos
ruinas de piedra castellana
en el páramo limpio
ruinas de sal y sueño. Perdimos
la dignidad de los pobres
sin ganar el aplomo de los ricos

Pensábamos que ascendíamos
nos dejamos caer
más abajo reabajo requeteabajo

Asfaltamos hasta las grietas del alma
pensando que llegábamos a alguna parte

Nos creíamos modernos desarrollados libres;
no éramos nada más que nuevos ricos
envilecidos un poco más cada día

La libertad sigue siendo proyecto
y echamos
tanto de menos la fuerza de soñar

(Jorge Riechmann)