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El día discurría en un diálogo ininterrumpido.
- ¿Quieres una cortecita de pan mientras hacemos tiempo para la comida?
Y él asentía y pasaba un buen rato mordisqueando y lamiendo la corteza, que terminaba húmeda y blanda en su mano.
- ¿Quieres que vayamos esta tarde a esperar a tu madre cuando venga del repele?
Y él volvía a asentir con entusiasmo.
El diálogo se iniciaba por la mañana, cuando se despertaba y llamaba:
- ¡Abuela...!.
- ¿Qué te has despertao ya, alhaja?.
Y continuaba durante el desayuno, delante del tazón de leche ensopado con trozos de pan duro.
- Dentro de un ratito vamos a ir a la casa de la tía Jacinta, a preguntar por su cuñao que dicen que le ha dao un mal...; pobre hombre, tanto como ha trabajao y ahora que podía gozar un poquito... que no nos dé Dios lo que podamos resistir... Y tú, cuando lleguemos allí, quietecito y callaito, y si te dan algo no lo cojas, no tengan que decir luego que estás mal enseñao.
- Sí... Abuela ¿cuándo vamos a ir a coger los huevos de las gallinas?
- Vamos a esperar un ratito alhaja, que hace na he visto a la tía Antonia que entraba en el corral a hacer de vientre. Tú, cuando veas que entra algún vecino al corral para hacer sus necesidades, no entres, esperas siempre a que salga ¿eh?.
- Sí... ¡Abuela mira qué palo más grade...!, si viene la pantasma, ¡zas!, la pego con él.
El día se contenía en ese diálogo intercalado de promesas, enseñanzas, recomendaciones, augurios...; que contenía las claves de su historia y avanzaba los trazos gruesos de su futuro.
- Si te portas bien le digo a tu padre que te deje montar en la mula un ratito cuando vuelva del campo.
- Sí, sí, y me voy montao hasta el caño.
- Eso.
- Cuando sea grade yo también voy a tener una mula, como mi padre, y me voy a ir al campo a trabajar, como él, y te voy a llevar montá en mi mula.
- Huy hijo..., ¡dónde estaré yo entonces...!. Tú lo que tienes que hacer es aprender, primero tienes que ir a la escuela, y hacerte un hombre de provecho, como lo era tu abuelo...,y tu padre. ¡Ay, si Dios me diera salud para verlo..., o que lo pudiera ver por un agujerito...!. Pero seguro que sí..., tú eres muy parecido a tu abuelo... ¡ay hijo qué hombre más bueno era tu abuelo!. En su vida faltó a nadie, preguntas por el pueblo y a quien preguntes no tiene nada más que buenas palabras para él. Ni a la hora de morir dio guerra... un hombre como un castillo que se quedó como un pajarito..., y ni se quejaba... En fin, ¿qué le vamos a hacer...?, no nos queda otra que conformarnos con lo que Dios nos manda.
- ¿Abuelo mataba a la pantasma?
- Déjate de matar a nadie, que ya hemos tenido bastante... Lo que yo pido es que tú no tengas que pasar por lo que hemos pasao nosotros... Pero es mejor no mentarlo. Anda, venga, vamos a probar los garbanzos para ver si ya están blandos y comemos; y luego aparto un pucherito para esta noche para tu padre y tu madre que vendrán reventaitos de trabajar.

































