jueves

Camino





Estoy en el camino 
utilizado hoy por los viandantes para hacer deporte, adelgazar, 
pasear a un perro o hacer ciclismo.
(Quién sabe si el camino echará de menos el antiguo tránsito 
de arrieros, pastores, gañanes...;
y las cuadrillas de vendimiadores, segadores y vareadores)

El camino, desolado ahora,
se abre paso entre fincas mal cuidadas,
o abandonadas,
en las que cuesta reconocer la  huella laboriosa de su pasado
(Qué ha sido de la tierra peinada con esmero, 
de los almendros y melocotoneros, 
de los olivos... cuidados con tanta dedicación)

Estoy en el camino, ahora bacheado por el abandono y la dejadez,
y la impronta virulenta de neumáticos
(¿Guardará aún el camino las huellas de las albarcas,
de las herraduras de las caballerías,
de las pezuñas de cerdos y ovejas,
y las rodadas de los carros de varas?)

Estoy en el camino
y ahora suena un claxon
y el abrumador motor de una máquina
y los atronadores decibelios que escapan por las ventanillas de un coche
(¿Latirán en las entrañas del camino los antiguos sonidos?:
el canto de los pájaros.
el tintineo de cencerros y campanillas,
los balidos, los rebuznos...
y el canto enamorado con el acompañaba su trabajo un joven gañán?)

Estoy en el mismo camino,
conserva el mismo nombre y tiene la misma trayectoria.
Pero es distinto 
a aquel dibujado con bolas de estiércol en hilera
y bordes serpenteados de cabezuelas
cardos y verdolagas
avena loca
manzanilla y amapolas.



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